Creo que Jonás es uno de los personajes de la Biblia con quien la historia ha sido poco benevolente. La gente suele asociar a Jonás con “desobediente “ y “cobarde”. Pero ¿Es tan así? 0 ¿Es solo eso?
Hace un tiempo, mi esposa Patricia estaba preparando una clase para la Escuela Bíblica sobre la historia de este personaje.
Como es habitual conversando acerca del enfoque que suele darle a sus charlas, comenzamos a notar que nos hemos formado una imagen muy negativa acerca de la personalidad de Jonás.
De niños solíamos repetir una y otra vez, año tras año la vieja canción “Jonás no le hizo caso a la Palabra de Dios / por eso al mar profundo la gente lo tiró / y vino un pez muy grande y ¡Glub! se lo tragó / porque no le hizo caso a la Palabra de Dios / porque no le hizo caso a la Palabra de Dios”. Jonás era el arquetipo del desobediente.
Sin embargo, poco se habla de la razón de la desobediencia de Jonás.
De niños escuchábamos que Jonás tenía un miedo atroz de ir a Nínive, que era un cobarde.
Sin embargo creo que las cosas no fueran tan así.
Jonás había sido enviado a Nínive con la promesa hecha por Dios de que ésta ciudad, habitada por ciento veinte mil personas, sería destruida a causa de su maldad. Jonás, en vez de obedecer al Señor, se dirigió a Tarsis. El episodio del pez gigante es harto conocido.
Finalmente, luego de idas y venidas, Jonás entregó el mensaje a Nínive y toda la ciudad se arrepintió. Esto hizo cambiar el parecer de Dios, de manera que la ciudad y sus moradores no fueron destruidos.
El punto es ¿Por qué desobedeció Jonás? ¿Por temor? No estoy tan seguro.
La respuesta esta en el capítulo 4:
“¡Oh Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando estaba en tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, pues bien sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, que cambias de parecer y no destruyes. Así que ahora, Señor, te suplico que me quites la vida. ¡Prefiero morir que seguir viviendo!”Jonás consideraba que la maldad de los ninivitas no era merecedora del perdón de Dios. Jonás era en extremo piadoso y celoso, tan celoso al punto de ser inmisericorde. ¡Prefería morir antes que ver a los impíos perdonados!
¿No es lo que ocurre a veces con la Iglesia? ¿No hacemos muchas veces como Jonás, que viendo el pecado nos vamos hacia el otro lado? Nos rasgamos las vestiduras porque vemos un ladrón, un homosexual o un idólatra, pero huímos como lo hizo Jonás hacia Tarsis.
Iglesias sin misericordia. Esa es una de las lecciones que nos trae este personaje.
En fin, mis amigos, saquémonos esta vieja idea de la cabeza. Jonás no era un cobarde ni un simple desobediente. Era un celoso fundamentalista que prefería morir por lo que creía justo.
Pero Jesucristo plantearía otro tipo de justicia, su Justicia, aquella que Jonás apenas si podía intuir en su tiempo: La Justicia de la Gracia.
Entonces ¿Seguiremos siendo una Iglesia Jonasiana?
Ahora bien, los paradigmas van cambiando y los liberales, aquellos que son en todo tolerantes, poco a poco, van desplazando a los fundamentalistas, pero el problema sigue siendo el mismo, o aún peor: Hoy más que nunca se tiende a esquivar predicar sobre la doctrina del arrepentimiento y del perdón consecuente.
Entonces, seguimos siendo una Iglesia Jonasiana.
Los cristianos siguen huyendo a Tarsis….y Nínive sigue condenada.
Daniel E. Dañeiluk-
Artículo publicado el 9 de marzo de 2007 en www.elojoprotestante.com


